Mis sex symbols favoritos: hoy, Kathleen Turner

Querid@s: hoy comienzo un serial, un coleccionable, una sección nueva o como la queráis llamar.
En ella -espero que semanalmente, si no se me va la pinza- glosaré a aquellas criaturas extremadamente sexys que me atrajeron a las salas de cine para amarlas, adorarlas, envidiarlas y dejarme seducir, como una boba, desde el patio de butacas. También me enseñaron mucho sobre erotismo, química sexual y cómo ser una aplicada femme fatal, entre otras lecciones imprescindibles.
Y voy a empezar con una señora que allá por los primeros años ochenta y gracias a un título -Fuego en el cuerpo- causó sensación.
Una dama a la que hace poco descubrí en un papel secundario de adiestradora de perros en Una pareja de tres y me percaté de algo que ya sabía: que el tiempo y la (mala) salud no la han tratado muy bien que digamos…

Por eso voy a recordarla en su esplendor, cuando interpretó a Matty Walker en aquella revisitación del cine negro -Perdición, Angel Face, El cartero… estaban en la mente del director- perpetrada con mucho talento por Lawrence Kasdan en 1980.
Su personaje de la ambiciosa, manipuladora y fascinante mantis religiosa -capaz de sacrificar al macho por lograr sus objetivos- es de los que marcan para siempre a una actriz.
Y este mujerón de Springfield (Missouri) lo bordó.
Con melena a lo Verónica Lake, un cuerpo cimbreante embutido en camisas blancas estudiadamente abiertas y un cigarrillo en los labios, de donde salían palabras-agijón, su personaje tenía una de las apariciones antológicas del cine, desfilando delante de William Hurt para que éste ardiera por dentro, como nos pasó a tod@s l@s que tenemos sangre en las venas al verla en pantalla.
Su voz -áspera, dura, contundente, no en vano doblaría a Jessica Rabbit- transmitía esa seguridad férrea que puede desarmar al más mujeriego de los abogados de Florida.
Ella es la reina absoluta de la función en escenazas como el primer encuentro sexual en su casa, dosificando las tentaciones al macho hasta que éste, a punto de estallar, acabe rompiendo una ventana para acceder al cuerpo de la hembra.
Antológicas también fueron las escenas de desnudo, como ésa de los amantes en una bañera ricamente aliñada con cubitos de hielo, intentado mitigar el ardor que los consume.

El calor, el sofoco, el subidón de líbido estaban presentes en el sudor de los cuerpos, en la fotografía, en el fuego que marca el film desde su comienzo. Yo me quedé loca con esta pareja y quise ser tan astuta como la Turner. Para seguir sus lecciones fui degustando fielmente sus siguientes títulos, pero ninguno me puso tan a cien como Fuego en el cuerpo.
Y mira que lo intentó en la delirante La pasión de China Blue, y hasta como aventurera en Tras el corazón verde y La joya del Nilo, otras taquillazos en su carrera, pero, ya digo, un debut como el suyo es difícil de superar.

Mas aquel flechazo aún me sigue haciendo amar a Katlheen, y seguir sus trabajos en El honor de los Prizzi, de John Huston, Peggy Sue se casó -por la que fue nominada al Oscar- y El turista accidental, de nuevo con el tandem Kasdan-Hurt, pero con menos carga erótica.
Y aunque los años, la enfermedad y la medicación le han hecho perder lozanía y poderío sexual, lo que la Turner sigue derrochando es sentido del humor: basta repasar tres de sus últimos papeles: la esposa bélica de La guerra de los Rose, el de asesina en serie en Los asesinatos de mamá, travesura de John Waters, y de padre transexual de Chandler en la serie Friends.

¿Os gusta Kathleen Turner tanto como a mí?
Escrito por Miércoles 21 octubre 2009
Ahora ha fichado por la 3º temporada de Californication. ¡Miedo me da!
A mí antes de inquietaba, ahora me da un poco de pena.
otras supuesta “sex symbols” actules con que aprediesen un poco, un mínimo, de ella, serían auténticas estrellas.
qué mal le ha sentado la fama y el alcohol a esta señor
La fama no sé, pero a tí, jp3, algo te ha sentado fatal, porque escribes cada vez peor. ¡De guano!
Me gusta como actriz y me parecio guapa en su momento (aunque jamas en la categoria de “fascinantes”, eso serian ya palabras mayores…) pero creo que su titulo casi mitico, el referido, “Fuego en el cuerpo”, visto hoy, no ha envejecido excesivamente bien, quiero decir, se le nota mucho ese look ochentero, horterilla y con secuencias que pretendian ser “arriesgadas” sexualmente y que, ahora, parecen muy facilonas. La diferencia se nota, por ejemplo, cuando uno revisa la magistral “Perdicion” del maestro Wilder… un guion milimetrico, tres actores soberbios y el erotismo de una Barbara Stanwyck a la que “solo” le hizo falta aquella pulsera en el tobillo, mientras bajaba la escalera de su apartamento y, por supuesto, esa mirada de hielo (y de muerte) que la convirtieron en la gorgona por antonomasia del cine negro americano.
¿Erotismo, Barbara Stanwyck…? ¿Está de broma, o qué…? Así que no encuentra fascinante a Kathleen en Fuego en el cuerpo, y sin embargo aprecia “erotismo” en la gorgona (ahí le doy la razón) de Barbara. En fín…
A ver, por partes. En erotismo, como en casi todo, las opiniones son relativas y siempre muy personales. Para mi, no “solo” consiste en un buen cuerpo y una cara bonita sino en algo mas general y, si me apura, menos evidente. Barbara Stanwyck, actriz portentosa, de estatura bajita, atractiva (que no guapa), con aquella peluca rubia, esas gafas oscuras y su gelida mirada de hiena (en la referida “Perdicion”), era, para un servidor, una presencia infinitamente mas turbadora, inquietante, interesante y, si, erotica, que la, por otro lado, estupenda Kathleen Turner. Cuestion de gustos…. (Algo similar me ocurre con la, igualmente fascinante Gloria Grahame y su “labio imposible”…)
Lo que usted diga, barriga…