Vincente Minnelli, una declaración de amor

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Hoy, no sé si es algo premeditado o no, ESC emite tres películas de uno de mis directores favoritos, Vincente Minnelli: Con él llego el escándalo (uno de esos títulos made in Spain que nadie en su sano juicio puede llegar a comprender, cuando el original es algo así como Una casa en la colina), Los cuatro jinetes del Apocalipsis (las mechas, las pashminas falsas, las perlas falsas y las cejas depiladas) y El loco del pelo rojo (que es una película maravillosa sobre el infierno creativo no sólo de Van Gogh sino de todos aquellos que, como dijo la tiíta Tru, están todo el día dale que dale, autofustigándose con el látigo de su talento).

Adoro a Minnelli. Cada día más. Me parece uno de los mejores directores de la historia. Cuando en la actualidad los cinéfilos gafapastianos presumen de sus dudosos conocimientos cinematográficos adquiridos en libros y DVDs, suelen recitar una retahíla de nombres que incluyen a Vacas Sagradas como John Ford (que a mí me aburre hasta la saciedad), Samuel Fuller o, por supuesto, Hitchcock, pero obvian a otros a los que consideran artesanos menores, como Cukor o el mismo Minnelli. Allá ellos. A mí, los gafapastianos estos que menosprecian comedias como Mamá nos complica la vida o Mi desconfiada esposa me tocan la suela roja del zapato.

Minnelli es el director perfecto para mí. Sus películas son cualquier cosa excepto realistas, incluso cuando trata temas que conoce a la perfección, como las interioridades de Hollywood en Cautivos del mal elige una fórmula, la de los flashbacks sucesivos al estilo Rashomon, que resulta admirablemente artificiosa. Lo artificial, en el caso de Minnelli, no es algo chabacano o fallido, al contrario, es pura fantasía, cine de verdad.

Para mí, la verdad del cine es Puro Minnelli, porque es 100% mentira. Sus musicales, con Un americano en París en cabeza, con ese ballet final en el que la cámara no sigue a Gene Kelly y Leslie Caron sino que baila con ellos, son esmaltes maravillosos, vivísimos, que brillan con el resplandor de las vidrieras góticas o las vajillas de Sèvres (Vivienne Westwood se inspiró en los mismos colores para crear su colección más famosa).

En realidad, Minnelli es una especie de compendio de todo lo que me gusta en el cine y en la vida. Creo que por esa razón lo amo con locura. Su hija, Liza, otra Santa ante la que me postro de hinojos, habla maravillas de él en todas sus entrevistas. Al parecer, no contento con ser un Genio (al menos para mí, que no suelo llevo gafas sino lentillas), era un hombre maravilloso, educadísimo, atentísimo, un bon vivant y un padre generoso hasta el rubor.

“Estaba locamente enamorada de mi padre. Él creó para mí un mundo lleno de imaginación. Él me presentó eso que llaman posibilidades. Él me enseñó que todo es posible. Él me convenció de que podía hacer cualquier cosa si pensaba en ella. Era el hombre más amable que he conocido. En los rodajes era un torbellino, pero en casa se convertía en una persona silenciosa. Eso sí, divertido”.

Moraleja: ¿Cómo no estar loca por un hombre así? YO, que no le conocí pero que amo sus películas, estoy loquita por sus huesos. Vincente, caro, donde quiera que estés… ¡TE AMO!


Escrito por Lunes 24 agosto 2009

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Los comentarios de la película. “Vincente Minnelli, una declaración de amor”

  1. Kshk dice:

    Tantas ganas de verla!!!

  2. maciste betanzos dice:

    Apunte una realista, casi neorrealista pues en su propuesta (que era un tour de force: seguir con el reloj en la mano el devenir sentimental de unos star crossed lovers) se anticipaba a la fallida “Estación Termini” de De Sica/Zavattini/O’Selznick: THE CLOCK (1945). Una historia sencilla, en blanco y negro, escenarios naturales nada fantasiosos (la estación central de Nueva York, por ejemplo, las luces y contornos de Manhattan, también). Minnelli la considera una película “única”. Los cinéfilos de buena fe estamos de acuerdo con él y sabemos apreciarla como lo que en realidad es: una joyita sólo conocida por los happy few, una rareza que guardamos en nuestro rincón querido de filmes-isla, una delicatessen bien valiosa.

  3. Puertorrico dice:

    Minelli nunca hizo nada mal.

  4. gee dice:

    me mueroo de ganas de verlaa ^^

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