Diego Galán
Diego Galán, el coordinador de esta encuesta, se ha decantado por estas cinco películas:

LAS DIABÓLICAS (Les diaboliques, Henri Georges Clouzot, 1954)
Creo que no se me olvidará esta película a causa de mi padre. Me llevó a verla a un cine de sesión continua y aunque la publicidad insistía mucho en que no se contara a nadie su sorprendente final, él no quiso esperar, y así, lo primero que vimos fue precisamente el final. Cuando de mayor la he visto de nuevo me ha dejado indiferente, es decir, sin emoción cinematográfica, sólo con cierto rencor que el tiempo ha ido transformando en una sonrisa. Qué cabezón era mi padre.
PETER PAN (Walt Disney, 1953)
No sé cuántas veces la vi. A mi familia le gustaba mucho y nos llevaban cada vez que se exhibía. Yo era feliz viendo “Peter Panâ€. ¿Cómo no serlo? Poder volar, pelear con el capitán Garfio, rescatar a la princesa india, y sobre todo, no hacerse nunca mayor…
LA LUNA (Bernardo Bertolucci, 1979)
Me entusiasma todo el cine de Bertolucci, pero esta película me dejó una huella especial, incluso cambió mi vida durante un tiempo. Yo era crítico de cine y la vi en el festival de Venecia donde, no sé por qué, los críticos italianos detestaban a Bertolucci. Ante mi sorpresa comenzaron a patear unos diez minutos de que la película acabara. “La luna†es una película compleja, pero a esos críticos tenían su decisión tomada de antemano. Me afectó tanto su reacción que abandoné la crítica de cine atormentado por la inquietud de si yo había actuado alguna vez tan injustamente como aquellos críticos italianos. Al cabo del tiempo tuve que volver a ejercer la crítica por simple cuestión de necesidad, pero unos años después pude abandonarla por completo. Aunque no sé, ¿se deja de ser crítico alguna vez? “La luna†me parece una película más rica cada vez que la veo.
VIVIR (Huozhe, Zhang Yimou, 1994)
Crónica terrible sobre la represión política, en este caso, la revolución cultural de Mao, a través de la vida de una familia y de una caja de marionetas. Película bellísima, amarga, tierna y sorprendente por lo que cuenta, con la mano maestra de ese genio del cine que es Zhang Yimou. Quien no la haya visto no sabe lo que se ha perdido.

PLÁCIDO (Luis G. Berlanga, 1961)
Sainete tan divertido como amargo, con un reparto en estado de gracia, refleja tan bien cómo somos en este país que no son necesarios más tratados de sociología. Berlanga, un maestro del cine coral, y Azcona en su mejor momento. La he visto sopotocientas veces y aún sigo haciéndolo.
Escrito por Viernes 21 agosto 2009

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