Mentiras y verdades: Orson Welles y Truman Capote, vidas paralelas

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Viendo ayer ese delirante documental llamado Fraude (título original: F for Fake, mucho más apropiado, teniendo en cuenta que también podría ser F for Fat, ya que Orson Welles, narrador y director, está sencillamente enorme, con una cara apoplética que da gloria verla), me acordé de lo que escribí en su día aquí.

Me encanta cuando Orson Welles admite al final: “¿Qué les dije? Que durante los próximos 60 minutos todo lo que oirían iba a ser rigurosamente auténtico, basado en hechos reales, pero… en los últimos 17 minutos he estado mintiendo como un bellaco”. Y es que no puede resistirse a meter baza, a mentir, a meter un poco de ficción dentro de la delirante trama de falsedades “rigurosamente auténticas” que ha expuesto durante la primera hora del documental.

Tengo que admitir que, como ejercicio de estilo, F de Fraude es una maravilla que deja a los balbuceos de Michael Moore a la altura de una zapatilla rusa. Sin embargo, lo que más me interesó no fue el estilo, sino lo que cuenta de sí mismo: cómo empezó en la industria del espectáculo. Mintiendo, claro. Fue en Dublín. Allí se inventó que tenía una carrera al otro lado del Atlántico y había debutado, con enorme éxito, en Broadway. Todo mentira.

Y lo mejor de todo es que, gracias a esa mentira, comienza su carrera de verdad. Y la comienza en lo más alto. A partir de entonces, su carrera es una larga y agónica cuesta abajo. Y eso me fascina. Me fascina cómo algunas personas logran construir una vida de éxito (de éxito aparente, al menos) a base de mentiras. Cómo a través de la ficción se puede lograr la verdad. Cómo la verdad absoluta puede basarse en el absoluto engaño. Cómo una máscara puede acabar por revelar más que un rostro, incluso por usurparlo (¿quién es más real, Norma Jean o Marilyn?).

F de Fraude también me recordó muchísimo a otro mito que tengo presente (casi) siempre en mis oraciones: Truman Capote, otro virtuoso de la mentira que, a base de ficciones, de imposturas, de rumores y bulos descarados, terminó inventándose una carrera fulgurante (la suya), que al parecer ya tenía en la cabeza, de pe a pa, cuando sólo tenía 18 años. Lo que me lleva a otra pregunta, la que le hace O. J. Berman al narrador de Desayuno en Tiffany”s a propósito de Holly:

“—¿Qué opina? ¿Lo es o no lo es?
—¿Qué?
—Una farsante.
—Yo diría que no.
—Se equivoca. Lo es. Aunque, por otro lado, tiene usted razón. No es una farsante porque es una farsante auténtica.”

Truman Capote, Orson Welles y otros genios de la misma estirpe (Gore Vidal, mal que le pese; la tiíta Tennessee) coinciden en ese rasgo fabuloso: son farsantes auténticos. Y por eso mismo los adoro.

Moraleja: Negación de la negación, afirmación. Ficción sobre ficción, realidad. O algo parecido: palimpsesto de verdades.


Escrito por Miércoles 15 julio 2009

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Los comentarios de la película. “Mentiras y verdades: Orson Welles y Truman Capote, vidas paralelas”

  1. Puertorrico dice:

    Al fin y al cabo, ¿qué es más falso? ¿Un Emyr recreando lo mejor del arte, o un Picasso copiándose a sí mismo hasta la saciedad? Si me dan a elegir, en una subasta antes compraría uno de los pocos Emyr certificados que uno de los muchos Picasso reales…

  2. Louella dice:

    Totally agree(pina)!

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