Terapia(s) de cine

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Releyendo un libro fascinante (porque YO soy muy de releer), una biografía de Terenci Moix que tengo en casa escrita como si fuese un mosaico a través de las entrevistas con sus amigos, me encuentro con la siguiente declaración de su hermana, Ana María (la borracha de la familia, según confesión propia), un año después de su muerte, en un homenaje que le dio la Filmoteca de Cataluña:

“La literatura, el amor y la amistad le dieron muchas satisfacciones, pero también muchos disgustos. Sin embargo, el cine no le decepcionó jamás, siempre le hizo feliz”.

Y se me ha hecho un nudo en la garganta (y otro en los nitos), porque a mí me pasa lo mismo. A mí, el amor, la amistad, la literatura y hasta la vida me han dado muchísimas, gratísimas, deliciosas, inesperadas satisfacciones, pero también muchos disgustos. Pero cuando Una se ve y vuelve a ver una y mil veces Eva al desnudo, Historias de Filadelfia, La fiera de mi niña, Vivir para gozar, Mujeres, Ivanhoe, Rebeca o La novia de Frankestein, por nombrar sólo unas pocas, sabe que nada malo le puede pasar.

Para mí, y para muchas otras personas, para Terenci, por ejemplo, para mi amigo J. A., para otros muchos amigos, el cine ha sido nuestro Tiffany particular. Te levantabas con la malea, te cogías tu croissant y te enchufabas un clasicazo en vena. Mucho mejor que un Orfidal, dónde va a parar.

Moraleja: Cine, más cine, por favor.


Escrito por Lunes 13 julio 2009

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Los comentarios de la película. “Terapia(s) de cine”

  1. L. A. Aute dice:

    ¡Cine, cine, cine, cine…! Más cine por favooor… que todo en la vida es cine, que todo en la vida es cine… y los sueñooos…¡sueños son!

  2. HollyKubelik dice:

    Cuánto dinero me estoy ahorrando yo en psicólogos (o psiquiatras, en fin…) gracias a la FNAC. Me pongo El Apartamento, por ejemplo, y se me quitan todos los males. La magia del cine en vena, menos mal.

  3. maciste betanzos dice:

    Grande siempre ANA MARIA. Es fácil reconocer que ha sido mucho más coherente que su hermanito, que a raiz de convertirse en Terenci terminó idiotizado con tanto tocho egipcio para “señoras”, tanta Isabel Preysler y tanto kitsch en tecnicolor y cinemascope. Y que conste que yo no hay un día que no me acuerde de él. Esta mañana repasaba de sus Cronicas italianas el artículo que le dedicó a Pasolini, a raiz del rodaje de la Medea. Fantástico, acertadísima aproximación a las contradicciones del autor de Ragazzi di vita.
    Siempre es reconstituyente ese primer Moix, marxista y comprometido con la crisis del intelectual fin de siglo. Su lado petardo, luego…. para un ratito.

    Por cierto, ese libro que menta, Louella, ¿cómo se titula?. ¿Es el del “arco iris”*?

    * Detrás del arco iris (En busca de TM) de Juan Ramón Iborra

  4. Louella dice:

    Sí, ese mismo. De verdad que es un libro delicioso, pero también tristísimo. Cómo hablan sus amigos de él, cómo desvelan su carácter (lo imposible que era, lo terrible que podía llegar a ser), todas las maldades que cuenta, por ejemplo, Antonio Gala sobre su peluquín, todo ese cariño desperdiciado… A mí es un libro que me pone los pelos como escarpias. Y la entrevista con la hermana es tremenda.

  5. maciste betanzos dice:

    Lo del peluquín es una risa. Y cuando Colita cuenta que en un viaje al Nilo quería fotografiarlo para la portada de Triunfo (creo que era) y el resulta que acababa de echar un polvete detrás de una duna con un hombre del desierto (fuese o no fuese cierto hacía gracia la ternura y naturalidad con la que lo contaba, a decir de Colita) y le daba igual salir con el slip del folleteo y todo.

    Me quedo con Ana Maria, con Gimferrer, con las declaraciones de su médico. Y, por supuesto, con esa entrevista póstuma suya. Y esa casa de Barcelona. Ese archivo, Zeus mío… (aunque no es por nada, pero yo ya le ganó en pelis. Si el confesó tener dos mil, yo ya casi sobrepasó las siete mil).
    Ese libro debí de hacerlo yo si es que YO hubiese sido alguien. Me basta con atesorar imborrables recuerdos de unas cuantas conversaciones telefónicas a altas horas de la madrugada en aquel inolvidable mes de julio de 2001 a mi casa. El haciendose pasar por Sal Mineo y yo por James Dean. Todo desde aquel restaurante de esquina de su piso donde se atiborraba todas las noches de mariscadas (a él, que no le gustaba el marisco). O en la soledad de su salón, retransmitiéndome una subasta en Ebay donde pujaba por la foto de JAMES SHIGETTA*, fulano que le molaba aquella temporada (y una maricona mala australiana se la iba llevar en el último segundo y el se ponía de los nervios, y yo: ¡no sueltes el Ventolín, Terenci, no sueltes el Ventolín!). Y su regalo…

    * Actor de origen euroasiatico muy popular en los años cincuenta por un par de pelis. Un noir exótico y un musical kitsch.The crimson Kimono y Flower drum song (con France Nuyen), respectivamente.

  6. Tito B. Diagonal dice:

    Y que aún se le pudo ver en la extraordinaria “The Yakuza” de Sidney Pollack con Bob Mitchum y Ken Takakura.

  7. Escrito por dice:

    “El cine ha sido nuestro Tiffany particular”. Me encanta este post. Aún así, yo esta noche necesito un Orfidal, que no es incompatible con un buen clásico.

  8. Puertorrico dice:

    Cine y orfidal? No, el cine despierta!