Haneke y Raimi dan miedo en Cannes

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La última película de Haneke, The White Ribbon, tiene muchas posibilidades de llevarse la Palma de Oro. Teniendo en cuenta que la presidenta del jurado es su querida Isabelle Huppert y que la competición no ha llegado al nivel esperado, este film implacable puede calar hondo en el palmarés.

En un pueblo del norte de Alemania, justo antes de la Primera Guerra Mundial, ocurren cosas extrañas. El médico cae de su caballo, una mujer muere en accidente de trabajo, en el campo, y el núcleo social de la aldea empieza a tambalearse, como si esos hechos misteriosos fueran el reflejo de un secreto más profundo.

En blanco y negro y con una puesta en escena tan rígida como rigurosa, Haneke analiza la preproducción del fascismo, la base de envidias y rabia contenida sobre la que creció la Europa de antes del nazismo. La precisión formal de Haneke es impresionante, y su película, que no hace ninguna concesión al espectador, es una bofetada para todos los que pensaron que estaba acabado después de su remake americano de Funny Games.

Fuera de concurso, Sam Raimi se tomó un respiro de tanto Spiderman multimillonario con un ‘back to basics’ en toda regla. Drag Me to Hell es Posesión infernal en un contexto ‘mainstream’: quizás el problema de este simpático autohomenaje es que parte de un maridaje contradictorio, casi contranatura.

Los fans del horror mezclado con el slapstick tendrán varios motivos de regocijo: una anciana gitana que protagoniza una escena memorable en un parking, vómitos de todos los colores, profanaciones de tumbas, moscas que se alojan en el estómago a la mínima… Yo me lo pasé en grande, a pesar de que no le llega ni a la suela del zapato a Posesión infernal.


Escrito por Jueves 21 mayo 2009

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