Rita Hayworth, los dioses y yo (capítulo final… ¡espero!)
Lo dicho: no hay como alzar la voz contra los dioses, para que los sacerdotes salten sobre tu yugular armados con una daga ritual. Un espanto. Creo que la gente que se toma el cine como una religión debería recordar más a menudo que en las catedrales no se permite comer palomitas (no lo digo YO, sino Santa Fran Lebowitz). Pero hoy no quiero poner a nadie a caer de un burro. No. Hoy quiero hablar de otra cosa, hoy quiero hablar de ella, una de mis rubias favoritas: La dama de Shangai.

Paradójicamente, es la rubia menos rubia de la historia del cine. Los productores pusieron el grito en el cielo cuando Orson Welles le exigió a su esposa, Rita Hayworth, la pelirroja más famosa de la historia del cine, que le diese un tajo a su melena y se tiñiese de platino. ¡Horror, anatema! Ella misma tampoco estaba muy satisfecha con el resultado. Sin embargo, el look es impecable: creo que Rita nunca estuvo más turbadora, ni siquiera en Gilda (otra herejía más en mi larga ristra de abominaciones, supongo).
Ya he comentado en algún otro post que el color de pelo determina plenamente tu vida. “El problema es el color”. Pues sí. Literalmente. Vuelvo a tomar un párrafo de Almodóvar, del pressbook de La flor de mi secreto, para ilustrar lo que quiero decir:
“El color de la literatura es tan importante (e informativo) como el color del pelo de una mujer (no importa si está teñida, una mujer es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma*). Hay mujeres rubias, morenas y pelirrojas, se distinguen no solo por el color de su pelo, sino por su conducta, su sensibilidad y su estilo. Si una rubia no se comporta como le corresponde a una rubia, está condenada al fracaso y al desconcierto. Solo provocará confusión dentro y alrededor de sí misma”.
* [Esta frase es la misma con la que La Agrado termina su monólogo en Todo sobre mi madre].
La dama de Shangai es la demostración palpable de esta teoría (que a mí me parece acertadísima). Una morena teñida de pelirroja que ha aprendido a comportarse como una pelirroja se enfrenta de pronto al desafío de ser rubia y, claro –a cualquier mujer le pasaría lo mismo–, se encuentra perdida. Perdida con su personaje, perdida en la película, perdida en su matrimonio –que hacía aguas (mayores y menores)–, perdida en la vida. Perdida total.
Y sin embargo, la película es TAN maravillosa que no se nota en absoluto. Rita, convertida en una máscara, es una esfinge que está por encima de todas esas dudas. Está inmensa. ES inmensa. Se come a Orson Welles con la mirada –como la esfinge, por cierto, que no dejaba de sus víctimas más que los huesos–, se come la película, se lo come todo.
Rita es una diosa. Como Welles. Como Chaplin. Como Kubrick. Como Wayne, si me apuran. Y sí, adoro a la Hayworth, la adoro, la adoro, LA ADORO. ¿Significa eso que era buena actriz? Pues no, nunca fue gran cosa como actriz. Eso lo sabía hasta ella. Está ahí, en las hemerotecas. En casi todas sus entrevistas, la misma Rita confiesa que tiene la misma capacidad de expresar emociones que un tarugo. Jamás se sintió actriz, sino bailarina. Insisto: lo dice ella. Y estoy de acuerdo. Como actriz, era un truño. Como mujer, una tarada (tampoco lo digo YO, lo dijeron todos sus maridos, su hija, todo el mundo que la conoció). Pero como diosa, ay, como diosa… era perfecta. Eso sí, la perfección puede ocultar miseria, dolor, frustraciones, adicciones y errores.
Moraleja: “¿Puede haber belleza donde hay error?”, se pregunta Angus Wilson. Pues sí, queridos, sí. Puede haberla. Pero para admirar la belleza no basta con tener sentido crítico, además conviene tener sentido del humor.
Escrito por Jueves 16 abril 2009
¡¡BRAVOOOO…!! ¡¡¡BRAVOOOOOO…!!! ( Aplausos en pie ) ¡Esta sí que es mi Louella! ¡Completamente de acuerdo con esta magistral exposición!
La primera vez que vi La dama de Shangai me quedé desconcertada. La interpretación de Rita me pareció tan fría, tan inexpresiva que me dejó helada. Cuando volví a ver la película, entendí prefectamente la esencia de su personaje y me pareció uno de los mejores de su carrera y de la historia del cine. Ella en este film no es una actriz; es, como dijo Louella, un ser perdido, una figura inerte, una máscara, un autómata. No hay vida en sus entrañas, sólo vacío y gelidez. Sin embargo, detrás de esos ojos que permanecen fijos toda la película, como si pertenecieran al rostro de una bellísima muñeca de porcelana o directamente del Museo de cera, se esconde la maldad, la femme fatale más pura del cine negro, de la que yo soy, dicho sea de paso, muy fan fatal.
Esa es Rita Hayworth en La dama de Shangai. Sinceramente, no creo que hubiera existido otra actriz capaz de interpretar la esencia del personaje de esa manera, porque Rita, excepto la maldad ( puede que dijeran que estaba desequilibrada pero también que tenía un gran corazón), tenía las características de esta esfinge.
Gran post. Bravo.
Vamos a ver… sin animo de entrar en polemica, servidor es de los que tienen el Cine como “religion”, quiero decir, me hace feliz, me divierte, me entretiene y creo que me ha ayudado s ser mejor persona. Jamas he comido palomitas, ni en las salas, ni, por supuesto, en las “otras catedrales”, es mas, cuando por la noche me paso un DVD, ya he terminado mis “labores” (cenar, atender el telefono etc….) y SOLO veo la pelicula (eso si, sin reclinatorio…) Quiero decir con esto que, para un servidor, el cine y sus artifices son parte muy importante de mi vida (que, al margen, es muy completita, no crean) y sus DIOSES estan, por descontado, mas alla del bien y del mal. Por lo que respecta a RITA, dice que “como actrz era un truño, como mujer una tarada y que tenia la misma capacidad de expresar emociones que un tarugo…” Ahi queda eso. Es verdad, que, al tiempo, tambien recococe que era “maravillosa, inmensa” y que en la pelicula, “se come a ORSON WELLES, se come la pelicula, se lo come todo…” Entonces… ¿en que quedamos? Yo creo, modestamente, que cuando alguien, con su sola presencia, sostiene una pelicula, toda una carrera y, desde luego, una leyenda… algo tendra de lo que carecen los demas. ¡En fin! no vamos a descubrir a estas alturas el talento de la HAYWORTH (¡que pereza!) pero si queria decir que mas alla de su incuestionable categoria de DIOSA, interpretaciones como las de esta mujer, en infinidad de titulos que precisamente son MITICOS porque ella estaba alli, se merecen comentarios un poco mas generosos y, creo, tambien con mas respeto (Yo, de la gente que “adoro”, jamas hablo en esos terminos…)
En las catedrales ya cobran, dejan entrar con cámara, mochila y botella de agua. Las rosetas de maíz solo son un paso más.
interesante pelicula voy a verla este fin de semana q viene, esperemo que sea tan buena como la describen saludos….usal
Claro, llamándose Margarita Cansino…Espero ver la película en breve.
Totalmente de acuerdo con Angel.Si tanta adoración despierta Hayworth,no creo que se merezca que se hable de ella en esos términos.Os lo dice alguien que ha leido todas las biografias habidas y por haber de este mito del cine.Antes de hablar, lean “Si aquello fue felicidad” de Bárbara Leaming, un trabajo documentado y serio sobre la vida de Hayworth y que demuestra sobradamente que era cualquier cosa, menos una tarada.Su único desequlibrio se llamó Alzheimer.Si era o no una buena actriz, no lo sé, pero alguién que con su sola presencia(no sólo la física) provocó emociones en millones de espectadores durante años,algo debe tener.Lo que es incuestionable, es que HAYWORTH es mucho más que GILDA y sin duda, es uno de los seres más fascinantes que jamás una cámara de cine haya tenido la suerte de iluminar