James Purdy, una salida para callejones sin ídem (Almodóvar, honey, ¿estás ahí?)

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Estoy desolada. Me acabo de enterar de que el viernes pasado murió James Purdy, uno de mis escritores favoritos, a la edad de 94 años en New Jersey. La verdad es que creía que el señor Purdy llevaba muerto desde hacía muchísimos años ya que le consideraba un clásico, y Una cuando piensa en los clásicos los imagina embalsamados en sus mausoleos como figuras de cera de Madame Tussaud.

Bueno, pues no. Resulta que el señor Purdy estaba vivo y bien vivo, hecho un cascajo (supongo) en su casita de New Jersey, lamiendo sus heridas. Porque cuando eres un genio –y el señor Purdy lo ERA– que pasen de ti como de comer caca supongo que no debe ser un plato de gusto, especialmente cuando lo que jalean los medios académicos e impresos de tu país es un carnaval de horrores.

No me extraña que sus principales valedores fuesen outsiders como Gore Vidal (ninguneado sistemáticamente por la Academia), como Dorothy Parker (que murió también olvidada, rodeada de cacas de perro en la habitación de un hotel barato) o Edward Albee (el responsable de llevar el grand guignol queer a la escena con ¿Quién teme a Virgina Woolf?, el vivo retrato de un par de matrimonios gays que conozco… bueno, y también la radiografía de mis padres, dos personas que han perfeccionado el difícil arte de hostigarse mutuamente hasta límites inusuales y francamente hilarantes).

Yo adoro las novelas y cuentos de este hombre de prosa barroquísima. Disfruté enormemente con Habitaciones exiguas y con Malcolm (que me recordó mucho a otro delirante divertimento, Dos damas muy serias, de Jane Bowles). La prosa de Purdy supura un atormentado mariconismo muy cercano al espíritu más torturado de Carson McCullers (a todas luces, un marica encerrado en un cuerpo –pequeño– de mujer). Adoro a Purdy, lo adoro, de verdad. Y me da muchísima pena que sus novelas no hayan sido llevadas a la gran pantalla con todo lujo de (escatológicos, perversos y deliciosos) detalles.

A propós de Purdy, Gore Vidal escribió con su lucidez habitual:

“La literatura gay, en particular la de autores que aún están vivos, es un gran cementerio donde autores que no se parecen, excepto por sus supuestos deseos sexuales, están juntos en una parcela bien lejos de la reservada a los valores familiares”.

En efecto, los valores familiares quedaban tan lejos de la obra de Purdy como, si me apuras, de mi agenda (de valores). A Purdy lo que le interesaba era otra cosa.

Yo me figuro que ahora que ha muerto, alguien medianamente inteligente recuperará alguna de sus novelas o de sus cuentos y hará un peliculón. Almodóvar, cariño, ya que has llegado a las heces de tu copa, empieza por esta. Desde este humilde blog te ofrezco una salida: ¡¡¡plagia a saco la obra de Purdy y deja tus cadáveres en paz (ya no queda más carroña que apurar)!!!

Moraleja: Señor Purdy, de rodillas. Aquí deposito mis violetas imperiales.


Escrito por Martes 17 marzo 2009

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Los comentarios de la película. “James Purdy, una salida para callejones sin ídem (Almodóvar, honey, ¿estás ahí?)”

  1. He visto a la Virgen dice:

    Louella, a ver si ahora, además, ¡va usted a ser coprófaga!

  2. Louella dice:

    No diré que me guste, pero jamás me atrevería a decir de este agua (fecal) no beberé.

  3. El Marqués de Portugal Este dice:

    Estoy de acuerdo en que el señor Pedro debería reinventarse, dejar de plagiar a sus autores de siempre, y por ejemplo, empezar a plagiar otros autores.

  4. Otro dice:

    James Purdy murió un Viernes 13. Muy propio de quien, puestos a hacer lo que todos –morirse–, decide hacerlo con un cierto estilo… adolescente.

  5. Matusalén dice:

    94 añitos no está nada mal!

  6. frank dice:

    increible. hace 2 días comencé a releer “Comienza Cabot Wright” (una edición mexicana de hace años, el papel ya está café), sin saber que Purdy había muerto. Y hoy me entero. Qué pena.