Cuestión de honor, lección bien aprendida

PUNTUACIÓN: 6
Si a los quince minutos de metraje ya sabes quiénes son los malos e intuyes que los van a coger, sólo te queda la posibilidad de disfrutar de cómo la película recicla los códigos genéricos del policíaco de los setenta, y de cómo la crudeza de esa estética, plasmada con eficacia y conocimiento de causa, te engancha a la butaca.
En Cuestión de honor se dan cita los referentes clásicos (el cine de polis corruptos de Sidney Lumet y John Frankenheimer) y los referentes modernos que trabajan sobre estos referentes clásicos (el cine de James Gray). Cuestión de honor es una versión serie B de La noche es nuestra: los protagonistas son una familia de policías, dos generaciones (padre, hijos y yerno) que, en algún caso, han sucumbido al lado oscuro abandonándose a la corrupción y a los pactos con narcotraficantes.

Me gusta la ternura de algunas secuencias, sobre todo las que Noah Emmerich comparte con su mujer, enferma de cáncer. Y me gusta la violencia desmesurada de alguna de las situaciones: pienso, sobre todo, en el momento en que Colin Farrell está a punto de aplastar a un bebé con una plancha ardiendo.
El problema es que parece que la has visto quinientas veces. Que el placer reside en comprobar si la fórmula está bien aplicada, si reconoces los resultados de la ecuación. Mientras que el cine de James Gray tiene un aliento trágico fácilmente identificable, Cuestión de honor se conforma con ser película derivativa.
Escrito por Martes 6 enero 2009
Algunos críticos decían en rotten tomatoes que lo mejor es Eduard Norton, pero a mí me gustaron más Jon Voight y Colin Farrell, este último con capacidad de pasar de cabrón a tío simpático-amante de los niños con mucha facilidad (vamos, yo me le creo). También es cierto que Norton tiene un personaje muy comedido, pero no tiene carisma, y no me ha sugerido demasiadas cosas.
Y como dice Sergi, lo peor es que no aporta demasiado nuevo. Yo lo siento, pero creo que me gustará más Rocknrolla….
Me encantó la pelicula. Muy bien actuada y realizada.
Es realmente extraordinaria la manera en que Colin Farrell en un momento determinado lo vemos como un amoroso padre, esposo o tio, y en el otro como un ser horrible y sin sentimientos con una plancha ardiendo a punto de quemarle la cara a un niño. Fue una escena escalofriante y muy bien actuada por él.
En cuando a Eduard Norton, si le faltó carisma es porque el personaje no debía ser carismático, por el contrario era un personaje reservado, con heridas del pasado y que en el desarrollo de la pelicula se encontró en total conflicto consigo mismo por las decisiones que tenía que tomar: quedarse callado y salvar a su familia, o ser un policia honesto y perderlo todo.
Para mí lo mejor de la película son los breves interludios poéticos con ese fabuloso “score” de fondo, que permiten una refrescante oxigenación justo cuando tienes la sensación de que la trama no acaba de ser todo lo adhesiva que debería y empiezas a ehcar de menos algo más de intrigante intensidad. El mejor de esos momentos sin duda el de la comida navideña, con un Jon Voight acutando como cabeza de familia de capa caída, tanto en lo que a alcohol en sangre se refiere como al patetismo que deriva de una vida en la que la pérdida de la dignidad es ya algo irreversible. Pero ni siquiera en ese momento la película pierde de vista su acertada bipolaridad, la que hace que la ternura compasiva y las tensiones derivadas del enfrentamiento moral puedan convivir en la cercanía de lo familiar. Al igual que el “score”, también la estética consigue subyugar, sin duda por la interesante dosis de urbanismo marginal que nos ofrece y porque el retrato de los lugares tiene ese aliento auténtico y tenebroso de los buenos thrillers callejeros. La lástima es que toda la intensidad que hay en la vertiente sentimental de la película deje de estar presente en su arquitectura argumental.
Cuestión de honor es un policiaco muy correcto; seco, directo, sobrio pero que no apasiona ni entusiasma, que incluso aburre en algún momento.
Es demasiado tópico, previsible y esta algo estirado.
La película suena a mil veces vista, la historia no está muy bien contada, no se arriesga en un guión que no sabe ir más allá. Además el final no está bien resuelto.
Estamos ante un retrato de familia y de la policía de Nueva York. De los lazos que unen y separan a padres e hijos y de los entresijos de la corrupción policial. Nuevamente la policía como una familia, nuevamente familia o deber, nuevamente los personajes deben elegir.
Las interpretaciones son eficaces, dan el pego sin regalarnos grandes creaciones.
Lo mejor de Cuestión de honor es su estilo realista reflejado en la puesta en escena y fotografía, y en secuencias como la de Colin Farrel amenazando con quemar a un bebe con una plancha.
El film se esfuerza por ser realista y lo consigue, pero también se esfuerza por ser duro, contundente y dramático, pero eso ya no está tan logrado.
Y Sergi, totalmente de acuerdo contigo. Hay una gran película, de las mejores del año pasado, a la que quiere imitar esta y recuerda mucho pero no consigue ni hacerla sombra. Es LA NOCHE ES NUESTRA de JAMES GRAY, ese sí que es un policiaco duro, intenso, emotivo, profundo, intimista, dramático y realizado con mucha personalidad y estilo. Si no la habéis visto conseguirla en dvd.