Forasters, qué mal rollo!

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PUNTUACIÓN: 4

A los cinco minutos: cáncer, odio, vómito, homosexualidad reprimida, calzonazos, racismo… Me quedo corto: Forasters es una elegía al mal rollo, a la oscuridad moral, a las tinieblas en las que todos vivimos, a los horrores que se repiten generación tras generación, a la sordidez de la humanidad, que se extiende como mantequilla podrida sobre el pan nuestro de cada día.

No vi la obra de teatro original de Sergi Belbel, que superaba las dos horas y media de duración, aunque parece que Ventura Pons (en la foto)ha sido tan fiel al texto como de costumbre. Lo ha condensado, eso sí, y ha tenido la feliz idea de conservar a Anna Lizarán como protagonista de la historia de una familia narrada en dos tiempos, en los sesenta y en la actualidad.

La autoridad escénica -y digo escénica porque Forasters, no nos engañemos, es teatro filmado, por muchos exteriores que haya- de Anna Lizaran domina el contenido del plano. La fuerza e intensidad de su interpretación devora a todos los demás actores, incluido a un Joan Pera en un registro muy alejado del que nos tiene acostumbrados.

La puesta en escena es plana, y el paralelismo entre los dos tiempos narrativos es en exceso obvio. Tan obvio -y este defecto es, supongo, herencia de la obra de teatro- que no para de subrayar la monstruosidad de la institución familiar -un poco a la manera de La pianista de Haneke, pero en versión serie Z- contrastándola con ese piso de arriba en el que habita lo diferente (los inmigrantes: andaluces, moros)- y que, ya puestos, es tan excesivamente melodramático como el piso de abajo, amargado y rancio.


Escrito por Martes 2 diciembre 2008

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Los comentarios de la película. “Forasters, qué mal rollo!”

  1. mengele dice:

    Ay el Ventura, cómo se va a poner. :)