El Greco, pintura de brocha gorda

PUNTUACIÓN: 2
Suele ocurrir en las coproducciones de prestigio, sobre todo si España está implicada en ellas: la ‘qualité’ se confunde con un pedestre sentido narrativo, se nota que la chica de atrezzo acaba de salir del plano después de arreglar la arruga de una tela o de colocar un plato en su sitio, los diálogos -doblados, porque el inglés es condición sine qua non- suenan falsos y la Historia, con mayúsculas, se derrite ante nuestros ojos.
El título no engaña: esto es un biopic de El Greco, pintor cretense que huyó de su tierra natal para instalarse en Toledo después de una breve estancia en Italia, trabajando en el taller de Tiziano. La película se centra en las luchas intestinas entre el pintor y uno de sus mecenas, el cardenal Niño de Guevara, cabecilla de la Inquisición.

Nadie resulta creíble, empezando por Nick Ashdon, al que han escogido por su barba ortodoxa. Juan Diego Botto se esfuerza por interpretar al malvado cardenal desde una cierta contención, pero se le escapan algunas muecas de malo de tebeo. A Laia Marull le sientan fatal los trajes de época, y nunca llegas a sentir la pasión que la une teóricamernte a El Greco.
La lucha entre la libertad del expresión del artista y la dimensión represora de las instituciones (eclesiásticas o no) es un tema recurrente en los ‘biopics’ de pintores, pero en esta torpe película, repleta de risibles diálogos (recuerdo las carcajadas que provocó en la sala una forzada alusión a Cervantes), la lucha es de cartón piedra, y se desarrolla en la superficie de una tela emborronada por las ansias de importancia.
Escrito por Martes 25 noviembre 2008
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