El nido vacío, adiós a la (in)madurez

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PUNTUACIÓN: 7

Me pasa con un cierto cine argentino (no el de Lisandro Alonso, tampoco el de Lucrecia Martel): no soporto su gratuita tendencia al sentimentalismo y me marea su incontinente verborrea, como si la sobredosis de palabras existiera para camuflar la insuficiencia de la imagen. El cine de Daniel Burman está a punto de provocarme esa sensación, pero al final casi siempre la elude.

Se ha hablado de los tópicos que Burman maneja cuando trata la inmadurez del final de la madurez en El nido vacío. Es cierto que el manido síndrome provoca en el protagonista, un dramaturgo en crisis, el clásico desasosiego: la crisis de pareja, las fantasías eróticas con chicas jóvenes, el ataque de vanidad… Curiosamente, son esos tópicos los que funcionan mejor en la película, los que resultan más creíbles gracias a que Burman y sus actores juegan la carta del costumbrismo de un modo muy natural y espontáneo.

Menos afortunadas son las secuencias fantásticas, alguna en forma de musical, que no acaban de integrarse en la estructura del relato, como si hubieran caído del cielo de otra película de intenciones diametralmente opuestas a El nido vacío.

Los actores están espléndidos. Ni Óscar Martínez ni Cecilia Roth sobreactúan, saben calzar el tono y el gesto en su interacción con el mundo. Sobre sus espaldas cae la responsabilidad de una historia que quizás no reinvente la comedia amarga pero que tampoco le falta al respeto.


Escrito por Jueves 30 octubre 2008

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Los comentarios de la película. “El nido vacío, adiós a la (in)madurez”

  1. César dice:

    A mi Daniel Burman me carga un poco. Empiezo a ver sus pelis con agrado, pero acaban cansándome. Es cierto que consigue crear ilusión de naturalismo, pero también lo es que le falta algo. Su actor fetiche, ¿creo que es Daniel Hendler, no? resulta también algo anodino. No se, lo veo en el otro extremo del tipico de cine argentino del que hablas, el que perpetúa el cliché del argentino porteño. En fin, que la contención no siempre es ,per se, garantía de calidad.

  2. Roberto dice:

    El cine de Daniel Burman no sólo es excelente sino necesario. Esas historias sencillas y a la vez profundas, las cuenta con un ritmo que permite degustarlas, casi masticarlas. He leído alguna opinión argumentando su lentitud y su sosería. Creo que nos hemos acostumbrado demasiado a ese cine americano en el que todo es acción y rapidez o al cine español tan escatológico y cutre. Las historias de Burman, tan cotidianas y tan entrañables tienen la facultad, al menos para mi, de mantenerte atento al desarrollo de la película sabiendo que quizá nada importante va a suceder, porque todo lo que sucede en el metraje es en si importante.
    Ya quisiéramos un Daniel Burman en el cine español. Quizá así nos dejaríamos de lo tres o cuatro argumentos que nuestros cineastas son capaces de esgrimir.

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