El misterio Lucille (Ball)

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En Sin amor, “una pintoresca pareja, formada por una viuda y un despistado inventor, contrae matrimonio por conveniencia. Ambos dos terminarán por enamorarse”. La pareja está formada por una pareja que sí se amaba, con locura, en la vida real: Katharine Hepburn y Spencer Tracy; y el argumento (la sinopsis es un copypaste cortesía de TCM) está basado en una comedia de Philip Barry, que ya había escrito previamente Historias de Filadelfia, al servicio de Dame Hepburn.

No es, ni mucho menos, la mejor de las nueve películas que protagonizaron juntos, pero aún así es deliciosa. En gran medida, gracias a la labor de los secundarios, entre los que se encuentra ella: Lucille Ball.

Confieso que el Mito Ball es una filia de proporciones feéricas (lo que equivale a decir gayféricas) que se me escapa. Ignoro la fascinación que esta máscara azteca puede ejercer sobre un ejército de millones de maricas enfervorecidos en todo el mundo. A mí, esa mueca perpetua dibujada sobre sus labios, como un remedo de pata salvaje, un poco a lo Daisy, la novia del Pato Donald, es una cosa que me pone los pelos como escarpias.

Ya había coincidido con la gran Hepburn en Damas del teatro, pero allí su papel era muy, muy menor, mientras que en Sin amor tiene un papel mucho más lucido, aunque aún nada hacía presagiar el icono catódico en el que acabaría convirtiéndose (odio la palabra icono, pero en su caso me parece salvajemente acertada: su cara es como una de esas pinturas de San Juan Nepomuceno; desde luego, va maquillada igual).

Por lo visto,estudió en la misma escuela de interpretación que… ¡Bette Davis!, hasta que su profesor le dijo: “Mira, nena, ¡eso es una actriz! ¿Ves aquella puerta? Pues ciérrala por fuera”. Fue modelo, starlette y actriz secundaria (con todo lo que eso conlleva: mucho diván), hasta que Desi Arnaz, un emigrante cubano que a mí me recuerda, no sé por qué, un poco a El Pescaílla, se cruzó en su camino. Se enamoraron locamente —“No fue amor a primera vista; tardé aproximadamente cinco minutos”—, se casaron y protagonizaron una de las series míticas del folclore americano, I love Lucy.

Su maquillaje, su peinado y sus payasadas la convirtieron en un ídolo de masas, pero también en un ídolo gay. No me preguntéis por qué. El caso es que hoy decir Lucille Ball es sinónimo de drag-queen (un poco como lo fue, en su día, Lola Flores, otra que tal baila… poco). Por un lado, lo entiendo perfectamente: esa mirada demente y esos labios no podían presagiar nada bueno. Por otro, en fin, qué queréis que os diga… hay ciertas cosas por las que considero que NO tengo que pasar por mucho que me guste el camp. Y esta es una de ellas.

Y, sin embargo, en Sin amor está estupenda.

Moraleja: Nunca, nunca, nunca más diré: “De esta agua (fecal) no beberé”. Es más, lo mismo ahora me echo un chupito.


Escrito por Jueves 25 septiembre 2008

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Los comentarios de la película. “El misterio Lucille (Ball)”

  1. maciste betanzos dice:

    Yo idem de ese lienzo. Nunca la he soportado. Jamás debió salir de su rancho natal, o a lo sumo, de su reinado televisivo con la loquita de su marido (yo al Desito lo imagino bailando un danzón perpetuo con César Romero, mientras Peter Lawford espera turno con el carnet de baile en la mano), un poco al estilo de la argentina Mirthita Legrand (aunque esta estuvo grandiosa en los años cuarenta, con o sin melliza al lado) o la malagueña Marie Thérese Du Champs (con Paco Valladares).
    Mi show televisivo favorito en cambio nunca fue el de Lucille si no el de la prole Nelson (Ozzie y Harriet -increible lo bien que bailaba esta vulgar matrona yanqui el charleston – y, por descontado, sus dos preciosos hijos DAVIIIID y RICKIIIIE. Ultimamente estoy enganchadísimo a DAVID, aunque fuera más partidario del twist y el otro del rock) y el de Donna Reed (gran dama)… por sus retoños, de acuerdo (SHELLEY FABARES y el caprichito de espartanos PAUL -My Dad-PEDEEERSEEEN).
    Cuando apareció la genial Burnett o la propia Mary Tyler Moore, la Ball se quedó -¡AL FIN!- sin su cetro catódico.

    Pero si hay algun/a partidari@ de esta gansa en nuestro pais, que lo dudo porque la cosa musical o lo muy USA nunca ha cuajado por estos lares, piensen en lo que hizo con el inmortal papel de MAME DENNIS, por siempre unido a la memoria de la gigantesca (en todos los aspectos) Roze Russell. Algo lamentable, doloroso, un horror. Una astracanada, esa es la palabra.

    Y en cuanto a patas salvajes y émulas de Donald, yo SIEMPRE me quedaré con la divina CAROL CHANNING (qué penita que no traspasara su fama teatral a los platós de Hollywood). La original Lorelei Lee, de hecho. Sniff!

  2. Louella dice:

    Ay, sí, totally agree(pina). As usual. Carol Channing-Lorelei for ever. Y respecto a Mame, lo mismo.

  3. maciste betanzos dice:

    Querida Louella. Prométame que me va a seguir en mi nueva blog-etapa. Que me está entrando crisis de ansiedad, como de Simón del desierto…
    Andele, no sea mala… Que he encontrado unas fotos beefcake de JUAN ERASMO MOCHI y de EL PUMA que se va a caer usted de culo cuando las escanee.

  4. Louella dice:

    ¿Simón el Estilita? ¡Qué maravilla! Tenga usted en cuenta que, hoy, la mayoría de la gente escribiría Simón, el estilista (refiriéndose a Simon Rasmussen).

  5. Tosca dice:

    De repente, al ver la segunda foto, he sentido un flash back.
    ¿Está señorita no hizo alguna película con Carmen Miranda, en la cual, que no recuerdo su nombre, a lo mejor ni si quiera tenía personaje, sólo participaba en algún número músical? ¿O si tenía personaje y no me acuerdo?

    No sé, todo especulaciones…..

  6. proby dice:

    Lucille Ball es una de las GRANDES. Y el que hable mal de ella es un cretino.

  7. Carolina dice:

    Un par de locas cretinas, criticando a un mounstruo de holiwood, famosa en buena parte de globo terraqueo. Seudo intelectuales, petardas. Si vas hacer un trabajo con pretension de crítico de cine, al menos utiliza un lenguaje que este a la altura de la circunstancias. Caminadoras de chuecas. Pudranse. Palurdas, impresentables.

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