Jack Conway, el folletín y el género menor: súper a favor

rss

A petición de mi público, una vez más, hoy quería hablar de un personaje que pocos conocen y que, sin embargo, en su día fue conocidísimo: el doctor Voronoff. Este matasanos, real como la vida misma, se convirtió en personaje de ficción cuando el gran(dísimo) Billy Wilder lo convirtió en Doctor Fausto de su inolvidable Fedora (inolvidable, sí, pero, ay, olvidadísima por mucho cinéfilo de pro, que a menudo pasa de puntillas por “esta obra menor”).

Bueno, pues cuál no sería mi sorpresa cuando, investigando en internet, me encuentro con que… ¡Ya hablé de él en su día! ¡No me acordaba de nada! Ay, qué maravillosa es la (des)memoria. Tengo ya un alféizar como una catedral… En fin…

En vista de lo cual, hoy hablaré de otra cosa: Historia de dos ciudades, la adaptación de Jack Conway del clásico de Dickens, que es un escritor que me encanta (cada día más, porque cada día soy más y más victoriana). Para muchos, Jack Conway es un director menor. Puede ser… teniendo en cuenta que muchos también consideran a Watteau un pintor menor. Hay mucho memo suelto que debería contar hasta diez antes de abrir la boca. Yo, que últimamente soy capaz de contar hasta cien, creo todo lo contrario: Jack Conway es un director como la copa de un pino. E Historia de dos ciudades, una gran película.

Y eso que adaptar los ladrillazos de Dickens —y no empleo el término ladrillo en sentido peyorativo, que conste; hay pocas cosas que me pongan más hoy día que un adoquín— no es tarea fácil. En principio, sus novelas-río corren el riesgo de convertirse en folletines de cartón-piedra con menos vida que un fósil. Resulta, no obstante, que los folletines siguen teniendo mucha más vida hoy día que muchas novelas contemporáneas que, según esos mismos que califican a Jack Conway como un director menor, “toman el pulso a la sociedad contemporánea”. O sea, canción protesta, pero en cine. Un horror.

A mí, dame un folletín como Dios manda, con su héroe y su villano, con una buena historia a la que hincarle el diente y un poquito de intriga, y quédate con los experimentos, los monólogos interiores y el realismo que, cinco años después, resulta ser costumbrismo de la peor escuela. En el cine, como en la vida, hay que seguir esta máxima a rajatabla: Una puede experimentar con el color en cosas banales, como la manicura o una camisa, pero jamás en las cosas importanes, como tu color de pelo.

Historia de dos ciudades es un folletín. Pues sí, ¡gracias a Dios! Además de la interpretación de Ronald Colman, que es otro actorazo indiscutible a quien la crítica masacró en su día, las escenas de masas son sencillamente geniales. Por lo visto, Conway contó con la ayuda de Jacques Tourneur para la escena de la toma de la Bastilla. Con eso está todo dicho.

Moraleja: La próxima vez que alguien oiga la expresión menor aplicada a un artista de la categoría de Jack Conway, pienso replicar: “Aquí lo único superlativo que hay es tu ignorancia… y tu papada”.


Escrito por Lunes 25 agosto 2008

Tags : , ,


Los comentarios de la película. “Jack Conway, el folletín y el género menor: súper a favor”

  1. maciste betanzos dice:

    Y yo que de niño pensaba que Historia de dos ciudades iba del nacimiento de Sodoma y Gomorra… Claro que de aquella, me pasaba lo mismo con Raices profundas, a la que imaginaba un biopic sobre los milagros de Vidal Sasoon.

  2. Louella dice:

    Yo, siendo niña, si tenía que elegir me quedaba con Raíces. A secas. Desde que llevaba pololos, Kunta Kinte me daba morbazo. Y Mandingo, ni le cuento…

  3. maciste betanzos dice:

    Eran muy pesadas aquellas negras. Yo me volví racista desde que Kunta se emperraba en no querer ser BOY. Con lo bonito que es ese nombre… BOY, a la Habana me BOY, a la BWANA de Dios… ¡o cómo es eso!… Es por lo que a mi me caía tan simpática la hija renegá de Juanita Moore en la de Lana Stompanato, y Jacko y su enfermedad de la piel..Y es que el de Raices como BOY no iba a triunfar en EEUU con ese color… que ni Tarzán (que se crió con las monas) lo aceptaría. A lo mejor en el corredor de la muerte, pero no es fijo. Y con el nombre artístico de Kunta Kinte… uff,aún si fuese Youssu N’Dour…

    A todo esto… grande y muy poco valorado Conway, le doy la razón (as usual). Ultimamente estoy revisando su primer período, el mudo (pionero que fue) y comedias muy de los años veinte como OUR MODERN MAIDENS con la Anita Page y la Crawford de flappers… Pero, sobre todo, le recomiendo “Brown OF HARVARD” (adoro las comedias universitarias de esa época… por la mañana estudio, por la tarde entreno de football, por la noche linen parties). Es extraordinario ver en ésta última a mi querido WILLIAM HAINES en rollito homófilo con Francis Bushman -el primer Mesala, el del BEN HUR Novarro- o un bisoñoso John Wayne. Qué pluma tan atrevida la de Haines, qué brio con la cámara el señor Conway… Luego retomaría estos asuntos deportivo-universitarios-camaraderiles en la más popular UN YANQUI EN OXFORD (1938) con Robert Taylor.

    Un saludo.

  4. el otro Ben-Hur (Ramón Novarro) dice:

    El mayor pecado de Conway es para muchos críticos estar en la plantilla de MGM, acaso no se han fijado que todo lo que huela a león les hecha para atrás, infravalorando a todos sus talentos, mientras si el personaje en cuestión trabajo en la serie B, sacamos la alfombra roja, el aceite de ungir y lo elevamos a los altares. No digo nada si el susodicho director pertenece a alguna cinematografia exótica ….entonces ya es el acabose.

  5. maciste betanzos dice:

    A estas alturas, pasado un siglo, iniciado otro, caídas las ortodoxias y los críticos marxistas a la Sadoul ( la progresia asimiló ya en los años sesenta muy gustosa la percepción camp o los valores de los artesanos cinematográficos, con resultados algunas veces esperpénticos: con todo, el paso para romper las normas ya estaba dado), el no poder gustarte un William Seiter, un Fitzmaurice, un Conway o un Wellman sóoo porque también te apasione Buñuel, Lynch, Bergman o Bresson me parece una soberana estupidez, sólo admisible si lo que se pretende es criticar la banalidad del seudo posmoderno y sus estúpidos “anything goes” tan ochenteros (generalmente, lo de esta peña era un claro ejemplo de falta de criterio con voluntad de epatar a unos cuantos gilipollas).
    Reivindico pues, sin verguenza, el instinto y el intelecto (sin dogmatismos ni exageraciones). Soy incapaz de renunciar ni a lo popular ni a lo culto. Quiero la aparente frivolidad de una comedia de Leisen con Claudette o de un musical de Berkeley con Ruby Keeler con el mismo apasionamiento que amo la hermosísima HOM DANSADE EN SOMMAR de Arne Mattson o cualquier experimento impresionista de la increible Germaine Dulac.

  6. Alexandra_Del_Lago dice:

    A mí me gusta mucho de este director, “Estirpe de dragón” con Katherine Herpburn, qué buena!!!

  7. The comeback of Angel Zúñiga dice:

    Kate estaba ridícula

  8. Lothorien dice:

    Historia de Dos Ciudades (A Tale of the Two Cities) fue una espléndida versión de la novela de Dickens producida por David O. Selznick para la Metro. Fue protagonizada por Ronald Colman, Elizabeth Allan, Henry B. Walthall, Edna May Oliver, Basil Rathbone, Lawrence Grant y Reginald Owen, etc. De todos es conocida la manía que Selznick tenía de cambiar de director asignado de la noche a la mañana cuando se encontraba con objeciones a sus “humildes sugerencias” de dirección. Así, Robert Z. Leonard contribuyó como director al inicio del rodaje, fue desplazado por Jack Conway, quien filmaría la mayor longitud de la cinta, apoyado por Jacques Tourneur como supervisor de producción en las secuencias de la toma de la Bastilla, y en otra fracción por Val Lewton, director de segunda unidad.
    La película sería la mayor apuesta del estudio en aquel lejano año de 1936. Los decorados franceses corrieron a cargo del infalible Cedric Gibbons, Frederic Hope y Edwin B. Willis. La grabación del sonido fue supervisada por Douglas Shearer, la fotografía es de Oliver T. Marsh, el montaje de Conrad A. Nervig, los efectos visuales con pinturas matté son de W. Percy Day, y la música fue compuesta por Herbert Stothart. Nombres grandes todos, ganadores de incontables premios cinematográficos.
    Historia de Dos Ciudades sería nominada al Oscar como Mejor Película y por la Mejor Edición, siendo injustamente derrotada por el biopic musical El Gran Ziegfeld, de Robert Z. Leonard, otra apuesta de la MGM.

Deja un comentario



Por favor, céntrate en el tema. No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes. TCM se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere fuera de tema o con tono inadecuado.