Sorpresas que son decepciones (en los Oscar)

A mí, como a mi compañera De Cine, los Oscar me tocan un pie. O los dos, y además sin darme cosquillas. Lo que me parece curioso es que, en una categoría u otra, los académicos siempre intentan ir a la contra, y por lo general se equivocan. A menudo las sorpresas de la ceremonia no aparecen para despertarnos una sonrisa de aprobación sino para dibujar una arruga en el entrecejo.
Este año las sorpresas tienen nombre de mujer. Ambas me producen sensaciones extremas: a Marion Cotillard la asocio con una interpretación afectada, histriónica y más bien patética y a Tilda Swinton la asocio con un trabajo espléndido y contenido, con la impecable carrera de una actriz que nunca ha dado un paso en falso, y que, en vivo y en directo, es una mujer amable e inteligente, que no sólo sabe lo que se hace sino por qué lo hace.
No vi la ceremonia, pero me imagino a Julie Christie, que incluso se ha casado hace poco, supongo que animada por las convenciones del éxito, maldiciendo el momento en que se creyó que le iban a dar su segundo Oscar por Lejos de ella. Ha perdido frente a una Cotillard cuyo mayor mérito ha sido la imitación. Todo es externo y artificioso en su Edith Piaf.
En la elección de Tilda Swinton como mejor actriz secundaria, la Academia se contradice a sí misma. No porque su trabajo en Michael Clayton no sea destacable, que lo es, sino porque su naturalismo se contrapone al ejercicio de mimetismo de la Cotillard. ¿Por qué no premiar a Cate Blanchett, que en I’m Not There parte de ese mimetismo para (re)crear la fantasía, la idea mitificada que podemos tener de Bob Dylan?
Escrito por Lunes 25 febrero 2008
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