La huella

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PUNTUACIÓN: 5.5

Para aficionados a la lucha libre del lenguaje.

Cuando se estrenó el Psicosis de Gus Van Sant, uno se preguntaba “¿para qué?”. Él intentaba justificarse con aquello de acercar los clásicos a las nuevas generaciones cuando, en realidad, lo que había hecho parecía más una instalación de arte contemporáneo que otra cosa.

Los artífices de La huella no han recurrido a los argumentos de Van Sant, simplemente porque no consideran que sea un remake. La nueva Huella dura cincuenta minutos que el original de Mankiewicz, y ha pasado por el filo de la navaja de un premio Nobel, Harold Pinter.

Pinter ha condensado la dialéctica de los dos primeros actos de la obra de Anthony Shaffer y ha convertido el tercero en una extraña y precipitada radiografía de una relación homosexual. El enfoque es interesante, pero todo va demasiado rápido, como si intentara no impacientar a los espectadores de multisalas.

El barroquismo de la excelente película de Mankiewicz, acompañado de un sobrio rigor en la puesta en escena, deja paso aquí a los delirios de Branagh, que, como siempre, se emociona demasiado con los decorados (en este caso, una casa imposible) y las posiciones de cámara.

Michael Caine está impecable, portentoso e incontestable. Sale victorioso del juego de espejos que propone la película (él ocupaba, en la anterior versión, el lugar de Jude Law). En cambio, a Law se le va un poco la mano, sobre todo al final, y pierde la partida.

Y a vosotros, ¿cuál os gusta más? ¿La antigua o la nueva? ¿Olivier y Caine o Caine y Law?


Escrito por Martes 16 octubre 2007

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