Conflicto de reinas
Leyendo la biografía de Katharine Hepburn, escrita por esa mariquita mala de William J. Mann, me encuentro con esta anécdota deliciosa. Como la popularidad de la Hepburn no se encontraba precisamente en su mejor momento, la RKO, el estudio en el que KH trabajó durante su primera etapa, decidió incluir a su estrella más taquillera para levantar el reparto de Damas del teatro. Esa estrella no era otra que Ginger Rogers.

A la Hepburn, que le colocasen a esa “mujerzuela con pinta de dependienta†(estoy un poco de acuerdo con ella, la verdad) en su película le hizo tanta gracia como una ablación sin anestesia. Así que un día, ni corta ni perezosa, tiró encima —por error, claro; mmmmm— un vaso de agua sobre el abrigazo de visón de la Rogers, que se puso hecha una hidra.
—Oh, no te preocupes, querida —replicó la Hepburn—, si es visón auténtico no encogerá.
Moraleja: Como bien saben tantas y tantas reinas (de la pantalla y de fuera de ella), en una habitación no hay sitio para dos batas de cola.
Escrito por Lunes 15 octubre 2007
Una película divertida, pero también prescindible.
Buenísima anécdota. Inspira.