Audrey: ¡qué overdose!

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Hoy, Audrey Hepburn hubiera cumplido 78 años. ¿Y qué se encontraría al salir de la tumba? Con su imagen estampada en posavasos, en bolsos (horribles), en láminas y cuadros pop (espantosos, sin ir más lejos la cateta de Inés Sastre tiene un cuadro —horribilino— con ella encima de la cama en su coqueto apartamento londinense [coqueto es un eufemismo, que conste]), en biombos y cajas de metal ideales para meter dentro galletas y tampax, en camisetas y plumiers. En definitiva, en toda aquella superficie en la que hace 78 años no había nada, hoy está su cara. Es una auténtica fiebre. Una epidemia.

Yo adoro a esta mujer, pero la vampirización que ha sufrido su imagen, la comercialización de ella como icono —palabra que debería estar prohibida, a no ser que estés investigando para escribir una tesis sobre el emperador bizantino León III el Isaurio—, es algo que me pone los pelos como escarpias.

Me la imagino saliendo de la tumba, recomponiéndose la toilette, de paseo por Chueca, contemplando su imagen en todo tipo de complementos chichones en tiendas que deberían arder hasta las cenizas, sosteniéndose los globos oculares con las manos (enguantadas) para no arrojarlos a esos escaparates con el mismo colorido —e intención estética— que una falla valenciana. Me la imagino sufriendo un colapso. Me la imagino horrorizada, espeluznada, indignada, patidifusa, de piedra pómez. Me la imagino cagándose las patas abajo de pura impotencia y comprendo que a Audrey, lo mejor que le pudo pasar, fue morirse.

Moraleja: Ya lo dijo Santa Teresa: “Plegarias atendidas”. ¿No querías ser un icono? Pues ahí lo tienes: Icono y medio.


Escrito por Viernes 4 mayo 2007

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Los comentarios de la película. “Audrey: ¡qué overdose!”

  1. Begoña dice:

    Bueno, viendo el lado positivo es un icono (perdón, se me escapó) del glamour. Tal vez hoy en día andamos tan escasos de ello que necesitamos confirmar que ha existido en algún momento. Audrey es mágica, etérea, elegante, con clase.
    Supongo que su hijo (se que al menos tiene uno) es el culpable de tanta saturación de objetos que explotan su imagen. Dios mío, ¿cuánto dinero le habrá hecho ganar aún después de muerta?.
    Marilyn, James Dean y Audrey (la única europea) son difuntos que forman parte de nuestra cultura, también de nuestra cultura mercantil. Seguro que los chavales de hoy los conocen antes por su uso como reclamo para vender un producto que por sus trabajos como actores…
    Volviendo a mirar la foto que has insertado: ¡era divina!

  2. Agrafe Cartier dice:

    Ay qué graciosa Inés, que quiso ser Sabrina (la de la peli, no la de las tetas) y ni consiguió el papel, ni casarse con un Larrabee. Eso sí, se ha librado de que su cara vaya en bolsos a juego con plataformas y piercing ombliguero.

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