María Asquerino, una grande… en sentido literal
Atendiendo peticiones de mi público (ése que tanto me quiere) hoy hablaré de una grande de nuestro cine. En sentido literal. María Asquerino.
El sábado coincidí con ella en la fiesta de los nominados a los Goya y… ¿Qué queréis que os diga? Nunca vi un caso más escalofriante de adaptación entre apellido y personaje. Pobre mujer. Está hecha un auténtico asquerino. Supongo que es lo que tiene la retención de líquidos (y de lípidos).
A mí, esta mujer me parece un actrizón. En Surcos está absolutamente maravillosa. Fue sex-symbol patria, le dio calabazas a Orson Welles, tiene un currículum amoroso que ríete tú de Clara Bow –currículum que ella misma se encargó de divulgar en unas memorias que levantaron ampollas (en las que contaba, entre otras muchas cosas, que había desvirgado a Carlos Larrañaga)–, con un par de minutos puede robar toda una película (en El mar y el tiempo, por ejemplo)…

En fin, que la Asquerino es un mito para mucha gente. Y sin embargo, cuando la ves cara a cara, y sobre todo cuando ves esa cara… Pues como que el mito se te cae a los pies.
¿Qué hace ahora María Asquerino? Y, sobre todo, ¿de qué vive esta señora? ¿Alguien podría desvelar esta incógnita que no me deja vivir desde el pasado sábado?
Moraleja: Ahorrad, por Dios, ahorrad para el futuro. Puede ser MUY negro.
Escrito por Lunes 15 enero 2007
¿Será verdad que en este pais no sabemos cuidar a nuestros mitos? En Estados Unidos parece que sus estrellas se mantienen en un pedestal pues publicamente se dignifica su imagen. Aqui somos más crueles con la decadencia, y nos aconstumbramos a ver a las viejas glorias en concursos y realitys varios, dando una impresión de supervivencia que desmitifica a cualquiera. Aunque esta claro, que ahorrar para los americanos es más factible que para los nuestros.
Gracias, Lou, por atender tan rápido mi sugerencia: No te conozco, pero me pareces adorable.
¡Qué nivelazo hay en este blog!
Quiero recomendaros un corto, también de producción nacional, que vi el otro día: “V.O:”, de Antonia San Juan. Si tenéis 21 minutos para verlo en internet, creo que pasaréis un buen rato.
Saludos para tod@s
Está hecha un asquerino.. JA JA AJAJAJAJAJAJJAJAJ!! Qué risa, joder. Yo a veces me la cruzo por el centro de Madrid y me persigno.
Si que es un misterio, sí.
Empecemos a ahorrar.
Nadie sabe lo que nos depara el futuro, lo milagroso es que su higado aun aguante, y pensar que criticaban a la Piquer por ser tacaña, somos un país cainita y con muy mala leche (los demás tambien pero no lo dicen a la cara) para Maruja todo mí respeto y afecto (coño que hay que ser más caballeros)
Gracias por decir, entre el maremágnum de procacidades que he leído en este texto sobre María Asquerino –el cual, casualmente, ha llegado a la pantalla de mi ordenador- que nos encontramos ante todo un actrizón. Completamente de acuerdo. Por lo demás, me parece un ejercicio de considerable mal gusto poner en tela de juicio la vida privada de una señora que se ha significado siempre por su discreción. Me atrevo a decirlo desde la amistad y el cariño que me une personalmente a ella, a la que vuelvo a agradecer desde aquí su dedicación y entrega, amable y desinteresada, hacia mi trabajo. A nadie debe importarle de donde saca esta señora el dinero, de qué vive o deja de vivir, o cuáles son sus fuentes de ingresos. De hecho, aunque actualmente de manera esporádica, ella sigue trabajando cuando le ofrecen cosas de su interés. El aspecto que tiene o deja de tener, por otro lado, tampoco debería ser juzgado con tanta ligereza. A ver si nos creemos que a los ochenta años, todos vamos a estar estupendos. Te remito, amigo, a algunas imágenes de la Maruja Asquerino de los años sesenta y setenta. Ahí es nada.
El comentario de Rafa Pucela contiene una verdad como un templo, que muchos de nosotros conocemos, e incluso sufrimos en considerables dosis de vergüenza ajena. Es cierto que, en este país nuestro, tan amigo de chanzas descarnadas y crueles habladurías, no respetamos lo suficiente a nuestros valores, en ningún ámbito, y aun menos, en el del vilipendiado mundo del espectáculo. En Francia, Inglaterra, y sobre todo en EUA, se profesa una extraordinaria veneración y respeto por los que han sido sus mitos cinematográficos, dedicándoles constantes reposiciones, estudios y homenajes. Aquí, no. Aquí, con suerte, si quieres ver a María Asquerino tienes que esperar a que “Salsa Rosa-Dolce Vita” o “¿Dónde estás, corazón?” le dediquen uno de aquellos repugnantes masajes de sofá con el que pretenden “honrar” a las grandes estrellas del pasado, dejándolas en manos de periodistas que, en la mayoria de los casos, se han leído -deprisa y corriendo, en el taxi que les lleva al plató de televisión- cuatro trazos biográficos bajados de Internet por un becario. Así ocurrió con Maruja, cuando fue invitada, hace unos años, y con la mayoría de las estrellas españolas que han pasado por allí. Teniendo en cuenta el cariz que ofrecen las televisiones en estos últimos años, podemos deducir que las preguntas no versaron, precisamente, sobre sus experiencias en el rodaje de “Surcos”, o en la intimidad profesional de la actriz ante un papel como el de “Anillos para una dama”. María me confesó, hace poco, que en la entrevista de “Salsa Rosa” iba decidida a no contestar, a quedarse muda mirando a cámara, cada vez que le hicieran una pregunta que ella considerara fuera de lugar. No hizo falta, pero ese es solamente un caso aislado. Por otro lado, la actitud de señoras como Sara Montiel o Marujita Díaz -la cual, si se me permite decirlo, contó con una, por lo menos, curiosa carrera cinematográfica dentro del cine español- no ayuda para nada a que esta enquistada situación vaya mejorando. No es extraño, pues, que otras actrices hayan optado por negarse a cualquier clase de entrevista, pese a ofrecérseles las mayores garantías de seriedad, temiendo -con razón- una encerrona. Las personas que nos dedicamos a trasladar la información desde otro punto de vista -infinitamente menos comercial, pero posiblemente más exigente y menos fungible- estamos pagando en nuestras carnes esta actitud generalizada. Esperemos que todo esto cambie, pase, en unos años, porque si no, le auguro un mal futuro al rigor informativo, y aun más, al olvidado papel de las hemerotecas.